Luego de permanecer casi cuatro días dentro de su oficina en la Secretaría de Educación Pública (SEP), Marx Arriaga Navarro, exdirector general de Materiales Educativos, recibió y firmó el oficio que formalizó su destitución, con lo que finalmente abandonó las instalaciones de la dependencia federal.
El episodio se originó después de que se le informara que sería sustituido por Nadia López García en la Dirección General de Materiales Educativos.
Arriaga sostuvo que, al no haber recibido un documento oficial que confirmara su remoción, no podía dejar el cargo de manera legal. Por ello decidió permanecer en su oficina como una forma de presión administrativa y política.
Sin embargo, su permanencia no solo fue una protesta laboral. De acuerdo con Arriaga, la situación reflejaba un conflicto más amplio sobre el rumbo de la política educativa y los contenidos de los libros de texto gratuitos elaborados bajo el modelo de la Nueva Escuela Mexicana.
Durante los días que permaneció dentro del edificio, Arriaga convirtió su oficina en lo que él mismo llamó una “trinchera”. Rodeado por colaboradores, libros, documentos y carteles, defendió que su salida no era un simple relevo administrativo, sino parte de una disputa por los enfoques pedagógicos que se pretendían modificar.
Desde ese espacio declaró que su resistencia buscaba evitar cambios que, según él, afectarían una educación crítica, popular y con perspectiva social.
También denunció presiones internas para modificar contenidos relacionados con memoria histórica, procesos sociales y pensamiento crítico, temas que habían generado polémica desde la publicación de los nuevos libros de texto.
Arriaga llegó a afirmar que podría permanecer “tres o cuatro días más” si no se le entregaba el oficio correspondiente, insistiendo en que su postura era jurídica y no personal.
Rechazó estar “atrincherado” en sentido violento y describió su permanencia como una protesta pacífica y administrativa.
El conflicto evidenció tensiones internas dentro de la SEP respecto a los cambios en áreas estratégicas de producción de materiales educativos.
Mientras la dependencia ya había anunciado públicamente a su sustituta, el exfuncionario sostenía que el procedimiento no había sido completado conforme a la norma.
La situación generó atención mediática y debate público, pues se trató de un caso inusual: un alto funcionario que se negaba a abandonar su oficina en una dependencia federal mientras se resolvía su situación laboral.
Incluso desde el ámbito político surgieron posturas encontradas. Mientras autoridades federales minimizaron el episodio como un trámite administrativo, Arriaga lo presentó como un acto de defensa de un proyecto educativo que, aseguró, estaba siendo desplazado sin una discusión de fondo.
Finalmente, este martes por la tarde, personal administrativo entregó el oficio de destitución directamente en su oficina.
Tras firmarlo, Arriaga salió del edificio entre aplausos de simpatizantes que lo acompañaron durante su permanencia.





