El consumo de metanfetaminas, conocidas popularmente como cristal, entre niñas, niños y adolescentes mantiene en alerta a especialistas y autoridades de la Ciudad de México, ante los riesgos que representa esta droga para la salud y el desarrollo de los menores.
La preocupación se centra en jóvenes de entre 10 y 17 años, un grupo vulnerable a los efectos de las sustancias estimulantes, que pueden afectar su bienestar físico y emocional, además de repercutir en su desempeño escolar y sus relaciones familiares.
El cristal representa riesgos para la salud juvenil
El consumo de metanfetaminas puede provocar alteraciones del sueño, ansiedad, irritabilidad y cambios de conducta. En casos más graves, también puede ocasionar episodios de paranoia, problemas cardiovasculares y afectaciones a la salud mental.
En adolescentes, cuyo cerebro continúa en desarrollo, el uso de esta sustancia puede incrementar el riesgo de dependencia y generar consecuencias duraderas en su vida cotidiana.
Prevención y atención, claves para frenar el consumo
Ante este panorama, la detección temprana y el acompañamiento familiar son fundamentales para prevenir que el consumo ocasional avance hacia una dependencia.
Especialistas recomiendan mantener una comunicación abierta con niñas, niños y adolescentes, identificar cambios importantes en su comportamiento y buscar orientación profesional cuando existan señales de consumo.
Asimismo, el acceso a servicios de salud mental y tratamiento especializado resulta esencial para atender a quienes enfrentan problemas relacionados con el uso de sustancias.
La situación plantea el reto de fortalecer las campañas preventivas en escuelas y comunidades, así como facilitar la atención oportuna para evitar que más menores se vean afectados por el consumo de drogas.





